02
06
2021

ÉXITO DEL HIPERREALISMO A TRAVÉS DE INSTAGRAM

Éxito del hiperrealismo a través de Instagram

Adrián Sánchez nos cuenta que gracias a la popularidad que adquirió durante la pandemia con sus publicaciones a Instagram, tiene una lista de espera que llega hasta 2022.

El estudio de tatuaje de Adrián Sánchez abrió en Getafe poco antes de la pandemia, y ya hay lista de espera hasta 2022. Su oficina es Instagram, con 67.000 seguidores, donde cuelga los trabajos de los cual está más orgulloso. Durante el período de encierro por el COVID-19, decidió pintar el rostro del fallecido rapero estadounidense Notorious B.I.G. con óleo sobre lienzo y después de subir su trabajo a Instagram, recibió cientos de mensajes de ofertas de compra, y finalmente se lo vendió a un cliente norteamericano. El surrealismo es su especialidad y es gracias a su talento lo que le ha permitido ganar premios en casi todas las conferencias que reúnen a personas apasionadas por el arte de la tinta.

Adrián Sánchez tatuó a uno de sus clientes con Venom, uno de los personajes de Marvel muy laborioso y lleno de detalles. El tatuador explica que usa vaselina para que las agujas circulen bien y mezclen el color en la piel.

El 2 de enero de 2020, tras cuatro años en el estudio de Fuenlabrada donde empezó a rodar, decidió abrir su propio estudio. Cuenta que entro en el antiguo estudio dónde trabajaba sin que nadie lo conociera y acabó siendo de los que traía a más clientes; fue ahí dónde pensó que le tocaba emprender él solo un estudio. Justo después de abrirlo, llegó el período de encierro durante la pandemia y se vio obligado a cerrarlo durante varias semanas, aunque lo vio de manera positiva como un momento para expresarse; dibujó a B.I.G durante más de 110 horas y lo hizo saltar a la fama. En un principio no quería venderlo, pero necesitaba recuperar el desembolso de la inversión inicial. Le contactó un coleccionista de arte en Texas, Estados Unidos, y le dio 4.500 euros. Después le encargó un segundo trabajo, la imagen del rapero Tupac, también fallecido en los años 90. “Entre medias me apetecía pintar un tigre y cuando lo subí a Instagram me escribió la misma persona porque su amigo lo quería. Estos cuadros son muy sacrificados, te levantas después de haber pintado ocho horas el día anterior y solo has hecho la parte inferior del labio izquierdo, avanzas muy poco”, señala sobre el proceso creativo. También ha inmortalizado a otro héroe de culto, el actor Danny Trejo, visto en el universo cinematográfico de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino.

Su pasión se remonta a las clases al óleo, en donde dibujaba paisajes y bodegones, con tan solo ocho años. “Yo a quien quiere empezar le digo que hay que formarse, estudiar anatomía, que son la base luego de cuando vas a tatuar”, señala. Y es que estudió el bachiller artístico, un ciclo superior de ilustración y pasó por ESDIP, la escuela internacional de arte de Madrid. En su barrio de Alameda de Osuna era siempre el que pintaba, el que hacía grafitis, y la gente le pedía diseños para tatuárselos. “Nunca se parecía a lo que les había hecho y empecé a pensar que quizás debería hacerlos yo. Un amigo tenía una máquina y le dije que me enseñara, pero no pensaba que me iba a ganar la vida con esto”, comenta Adrián.

Antes de hacerse tatuador, ensayó dos veces sobre una piel de cerdo que le pidió al carnicero, aunque le costó mucho conseguir material para empezar a tatuar. De hecho, llamó a un conocido estudio de Madrid para comprar un kit de inicio, y le dijeron que lo dejara en paz, que en la industria ya eran suficientes cómo para aceptar novatos. Usó una máquina de segunda mano que compró para practicar y se gastó 3.000 euros tatuándose el cuerpo solo para aprender a hacerlo y así empezó su carrera.

Uno de los momentos más importantes de su trayectoria es la convención a la que acudió en Nueva York. Tatuó la pierna entera de su amigo durante tres días en el Hotel Hilton, al lado de la Quinta Avenida. Unos 200 tatuadores ponían a prueba su destreza y todos los ídolos de Adrián se encontraban ahí reunidos. Cuenta que a ellos les colocaron en un rincón porque no eran conocidos. El jurado les dio el premio a la mejor creación. “Cuando dijeron en alto el nombre de mi amigo, nos abrazamos y lloramos. Fue el mejor día de mi vida”.

Adrián Sánchez confiesa que una vez termina sus lienzos no quiere mirarlos, que les coge manía porque ve errores: “Eloy Morales es un pintor al que admiro mucho y dijo que todavía no había hecho el cuadro del que se sienta orgulloso 100%. Yo a Notorious y Tupac les hubiese metido 80 horas más, pero llega un momento en el que tienes que cortar”.

Fuente de información: El País.

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