30
03
2020
El tatuaje y el circo

Una historia de amor entre el tatuaje y el circo

Durante la última parte del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se popularizó el tatuaje gracias al circo. Cuando los circos prosperaron, el tatuaje prosperó. Cuando los circos se declararon en quiebra, las personas tatuadas y los artistas del tatuaje se quedaron sin trabajo.

Durante más de 70 años, los circos más importantes contrataban a personas completamente tatuadas. Algunos fueron exhibidos en espectáculos secundarios; otros realizaron actos de circo tradicionales como malabarismos o como tragar espadas. Los circos rivales competían entre sí por los servicios de las personas más tatuadas.

El circo servia como escaparate donde los artistas del tatuaje atraían a los clientes para exhibir su trabajo: mujeres barbudas, gemelos siameses, faquires,…

La historia de amor entre el tatuaje y el circo comenzó en 1804 cuando el explorador ruso Georg H. von Langsdorff visitó las Islas Marquesas. Allí encontró a Jean Baptiste Cabri, un desertor francés que había vivido durante muchos años entre los nativos. Durante este tiempo, Cabri fue tatuado y se caso con una mujer marquesana que le dio varios hijos.

Cabri regresó con Langsdorff a Rusia, donde disfrutó de una breve pero exitosa carrera teatral en Moscú y San Petersburgo. Cabri realizó una gira por Europa, donde fue examinado por distinguidos médicos y expuesto a la realeza.

El primer showman inglés tatuado fue John Rutherford. En 1828, un relato de sus asombrosas aventuras John-Rutherfordentre los maoríes de Nueva Zelanda apareció en la prensa popular. En la prensa apareció que había sido capturado y retenido como prisionero durante diez años. Poco después de su captura, fue tatuado por la fuerza por dos sacerdotes que realizaron una ceremonia de cuatro horas en presencia de toda la tribu. Rutherford relató que durante el proceso perdió el conocimiento y tuvo que pasar varias semanas convaleciente. Cuando se recuperó fue adoptado en la tribu y lo ascendieron a jefe. Los miembros de la tribu maorí le ofrecieron más de 60 chicas, de quienes le dijeron que podría elegir a tantas como quisiera. Con prudencia, eligió sólo a dos, las hijas del jefe gobernante. Durante sus años con los maoríes, participó en la guerra, la caza de cabezas y otras actividades tribales.

En 1826, Rutherford fue rescatado por un estadounidense que lo llevó a Hawai, donde aprovechó bien su tiempo al casarse con otra princesa nativa. Después de un año en Hawai, regresó a Inglaterra, donde acompañó a una caravana de las maravillas, mostrando sus tatuajes y explicando sus asombrosas aventuras.

Es curioso que esta historia era relatada por muchos de los hombres que se exhibian en los circos.

Muchas fueron las estrellas tatuadas: La Belle Irene, Roustan, Miss Stella, Lady Pictura, Creola, Alwanda, Don Manuelo, Cabri, Phineas T. Barnum, James E.O’Connor…. El más famoso de todos los “Hombres Tatuados” fue Horace Ridler que se convirtió en el “Hombre Zebra” (The Great Omi).

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